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Instagram

Después de la trágica muerte de mi móvil y tras unos meses con un teléfono cuyo momento de gloria había pasado hace tiempo, mi compañía ha decidido enrollarse y regalarme un pepino nuevo. Lo único que he tenido que hacer para conseguirlo ha sido alargar el contrato de permanencia 24 meses más, tiempo durante el que técnicamente, mi alma les pertenecerá.

A diferencia de mi primer móvil Android, en mi nuevo teléfono he podido instalar Instagram. Esta aplicación gratuita además de dar a tus fotos un efecto otrora viejuno, ahora vintage, permite compartirlas, no sólo en las redes sociales más al uso (Facebook, Twitter, Flickr...), sino también en su propia red.

Me gusta Instagram, se podría decir que hasta estoy enganchada y más desde que Facebook está de capa caída y Twitter sigue siendo demasiado críptico para mi.

Uno de los motivos por lo que me gusta tanto Instagram es porque está lleno de fotos de comida. Desde que comencé una polémica dieta que me permite hincharme una vez por semana, disfruto haciendo instantáneas de los platos que degusto esos días, y es que ciertos filtros de Instagram dan a la comida un plus en deliciosidad permitiendo rememorar tus mejores comilonas en esos duros días de pescado a la plancha y apio.
Los usuarios asiáticos, en especial los japones son amantes de los detalles y también de fotografiar todo lo que comen, por lo que Instagram se convierte en una buffet libre donde la comida entra por los ojos.



Los platos deliciosos de mis días libres

Otra de mis obsesiones en esta aplicación es hacerle fotos a mi muso, mi perrito Hunter. Hace apenas dos meses que este travieso perrete se cruzó en nuestro camino. Alguien lo había abandonado y el pobre vagaba por las calles del pueblo. Fue más o menos por la época de la caza menor y por desgracia no fue el único can que nos encontramos abandonado durante aquellos días. Hunter es cruce de podenco portugués, perros usados en la caza, por lo que nos imaginamos que debió pertenecer a un cazador que al no servirle decidió darle la patada. Hunter apenas tiene un año, casi un cachorro. Todas las mañanas me saca a pasear y si que es un buen cazador; caza bolsitas, botellas de plásticos y mimos. Suena cursi, pero es que es así.
Aquí algunas instantáneas del joven cazador durante nuestros largos paseos por el campo.


Otros seres que se prestan a ser fotografiados por mi móvil son los Dragon Action Figures. Concretamente estos modelos de la Segunda Guerra Mundial. Si no fuera por sus manos desproporcionadas a la par de articuladas algunos podrían parecer verdaderos soldados.


Y por último y no menos importante, las cabezonas de plástico, mis Blythe. 


Estas muñecas salieron a la venta en los años 70 para producir el horror de la mayoría de las niñas pasando al olvido hasta que Gina Garan, tras hacerse con una amplia colección en mercadillos, publicó un libro con sus fotos; This is blythe.

Desde entonces estas muñecas han vuelto al mercado, claro que hay que comprarlas a través de Internet, a en su mayoría, países asiáticos y si la muñeca no te sale muy cara, si lo harán los gastos de envío. Si además quieres comprar un modelo customizado el precio se podrá disparar. En Bilbao está Nerea Pozo que además de pintar cuadros de blythes, customiza éstas muñecas convirtiéndolas en auténticas obras de arte.



Aún con todas estas muñecas siguen levantando pasiones en algunos y el horror en otros. Aunque si perteneces al primer grupo y quieres tener un primer contacto con las cabezonas sin arruinarte en España se venden su versión mini. Hasbro las ha convertido en las amigas de las Littlest Pets.

Pero si lo que de verdad deseas es seguirme en Instagram para poder estar al tanto de mis comilonas dietéticas, las aventuras de mi podenco o las nuevas instantáneas, tanto de blythes como de figuras Dragón, puedes seguirme pinchando AQUÍ o buscándome desde tu móvil por Aletitzia.

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