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Mujeres al borde de un ataque de nervios

Pepa (Carmen Maura), actriz de doblaje y protagonista del anuncio de detergente más famoso del momento, acaba de descubrir que Iván (Fernando Guillén) su pareja y compañero de trabajo la ha dejado. Desolada, Pepa se enfrenta a una ruptura sin más explicación que una escueta nota y un mensaje en el contestador donde Iván le pide que le prepare una maleta con sus cosas. 
Pepa llena la maleta pero no con las cosas de Iván sino con todos los regalos que éste le ha dado a lo largo de los años y duda si incluir el informe médico que confirma su embarazo. Pepa quiere oír una explicación de Iván pero éste parece haber desaparecido del mapa, es como si el destino impidiese su encuentro haciendo imposible la comunicación entre ambos, ya que cuando Iván llama a Pepa ésta nunca se encuentra en casa y cuando ésta regresa a su ático lo único que se encuentra es con los escuetos mensajes que le deja su ex amante en el contestador automático.


Por si esto fuera poco, Pepa recibe la visita de su amiga Candela (María Barranco) que huye de la policía tras haber mantenido una relación con un terrorista chiita. La casualidad hace que Carlos (Antonio Banderas), que es el hijo que tuvo Iván con su anterior mujer y cuya existencia Pepa acaba de descubrir de manera azarosa, aparezca junto con su novia Marisa (Rossi de Palma) a visitar el piso que nuestra protagonista acaba de poner en alquiler.

Para colmo Lucia (Julieta Serrano) ex mujer de Iván y madre de Carlos, recién salida de un manicomio se empeña en conocer a Pepa para contarle su malvado plan; acabar con la vida de Iván.

Pepa buscará respuestas mientras diferentes tramas confluyen en su céntrico ático en Madrid, diferentes historias que conectadas entre sí formarán un todo perfecto.

Dirigida por Pedro Almodóvar en 1988, Mujeres al borde de un ataque de nervios, fue premiada con varios Goyas, entre ellos el de mejor director y también candidata a los Óscar, como mejor película extrajera, siendo una de las cintas españolas más taquillera en nuestro país. 

Almodóvar nos presenta una película camino entre el clásico americano y la comedia más patria tan propia del director manchego el cual posee un estilo muy característico, aunque a mí de alguna manera me recuerde mucho a Hitchcock, y no sólo por el homenaje que le hace en esta cinta a La ventana indiscreta, también por su forma de dirigir, eso si, versión colorista y cañi.

Como la vida misma, Mujeres al borde de un ataque de nervios es a ratos drama, a ratos comedia, tocando temas que van desde el desamor, la incomunicación y lo más importante, mostrando la evolución de la mujer a través de distintos personajes. Lucia representa el pasado, una mujer amparada en las viejas costumbres, anquilosada en cánones de belleza y costumbres pasadas, atascada en ese amor mal entendido que acaba en locura, y que en esta cinta se enfrenta a la mujer moderna, Pepa, que tras un periodo de aceptación deja marchar al ser amado y toma las riendas de su vida. Es curioso como la película termina con una Pepa dándole consejos a Marisa, que podría representar a la mujer del futuro, y que por cierto se ha pasado casi todo el rato dormida.



Almodóvar trabaja con una estética propia que tras los años le ha llegado a definir, una unión entre clásico y moderno que hace que Mujeres al borde de un ataque de los nervios casi 30 años haya envejecido tan bien. Hasta el vestuario parece actual y ojo que estamos hablando de los 80. ¿Y hay al más moderno que al amenaza terrorista islámica? 
¿Soy yo o los ojos del cartel parecen los de Isabel Pantoja?
En la época de móviles, Whatsapp, Skype, tarifas planas... parece que esta historia no tendría cabida, que todo se podría haber resuelto con un mensaje, y sin embargo pensar que se ha tenido que inventar el doble clic azul para que empecemos a sospechar que tal vez esa persona no contesta porque no quiere... La era de la comunicación es precisamente el mejor momento para perder los nervios, pero no lo hagamos, tomemos el ejemplo de Pepa, pasemos página, enfrentémonos al futuro y si hace falta siempre podremos coger un Mambo Taxi que nos lleve muy lejos o lanzar algún teléfono contra una pared, quien no lo haya hecho no sabe lo que se pierde...

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